Una Buena Conducta en la Mesa

Las normas que rigen, o deberían regir, nuestra conducta en la mesa...

¿Por qué surgieron? ¿De dónde vienen? ¿Quién las inventó?

Luis XIV invita a Molière a compartir su cena. Jean-Léon Gérôme, 1863.

«Muchas personas son lo bastante educadas como para no hablar con la boca llena, pero no les preocupa hacerlo con la cabeza vacía.» Orson Welles


A pesar de lo que pudiéramos pensar acerca de la Edad Media en cuanto a costumbres de conducta, no eran tan “incivilizados” como nos muestran a veces en el cine. Existían normas y manuales de conductas que las personas de más alta alcurnia debían seguir si querían corresponder a su estatus. Alfonso X El Sabio fue uno de los primeros en escribir en el código legal de las Partidas sobre cómo acostumbrar a los hijos de reyes y nobles para ser apuestos y limpios: 


“Y no les deben consentir que tomen el bocado con todos los cinco dedos de la mano, y que no coman feamente con toda la boca, mas con una parte. Y limpiar las manos deben a las toallas y no a otra cosa como los vestidos, así como hacen algunas gentes que no saben de limpiedad ni de apostura”.


Otros de los primeros en escribir al respecto fue Francesc Eiximenis, en la Enciclopedia Lo Crestià, del siglo XIV, dice lo siguiente:


“Si has escupido o te has sonado la nariz, nunca te limpies las manos en el mantel […] siempre que tengas que escupir durante la comida, hazlo detrás de ti y en ningún caso, por encima de la mesa o de nadie”.


A finales Edad Media y con la llegada del humanismo renacentista una nueva concepción en lo que al ritual alimenticio se refiere emerge en la sociedad. La costumbre de compartir la comida y los utensilios se pierde poco a poco, pues hay ahora un nuevo sentimiento de individualidad y buen gusto. De esta forma, la importancia de la urbanidad se hace patente. Para diferenciar el estatus social entre un rey y un noble, un gran aristócrata y uno menor, o directamente la aristocracia y el servicio, la comida era una buena herramienta y las costumbres acrecientan su elitismo.


Las normas de buen comportamiento en la mesa tienen su origen, por tanto, en las cortes. Se aplicaban no sólo al comportamiento en la mesa, sino al comportamiento de los cortesanos en general, empezando por el rey y la familia real, seguidos por los oficiales, ayudas de cámara y sirvientes. Además, era un código que promovía deliberadamente la jerarquía de sus miembros. En 1528, Baltasar Castiglione publica El cortesano. Algo más tarde, Erasmo de Rotterdam plasma las buenas costumbres en su tratado De la urbanidad en las maneras de los niños (De civilitate morum puerilium) (1530), donde vuelve a hablar de la mesura necesaria a la hora de comer, así como de la importancia de conocer el correcto uso de los cubiertos. Entre otras más cosas, Erasmo hablaba de no apoyar los codos en la mesa, sentarse erguido o colocar el pan a la izquierda y cortarlo con el cuchillo, que se situaba a la derecha.


Los buenos modales en la mesa eran indisociables del estatus social. Ya en el XIX, la burguesía aspiraba a cumplir con las reglas protocoriales en aras de conseguir una mejor posición social y, por ello, los manuales de buenos modales proliferaron no sólo para los adultos sino también para los niños, siempre buscando la distinción y el alejamiento de lo que ellos considerarían “el vulgo”.


A mediados del siglo XIX, instrumentos, espacios, mobiliario y costumbres estaban tan establecidos, que un venezolano de nombre Manuel Antonio Carreño recogió en su manual las formas más elementales y las reglas sobre los buenos modales para relacionarse en sociedad. Publicado por primera vez en 1853, el Manual de Carreño no descuidó ningún detalle. Éste es el escrito sobre normas de comportamiento en la mesa que más ha influido a las generaciones de este y el anterior siglo. Sin embargo, algunas reglas han caducado con el tiempo, porque dejamos de usar algún utensilio o de seguir ciertas costumbres, como ésa de que el pan se toma sólo con la mano izquierda y se parte con la derecha, o que no es bueno comer pan o tomar vino si no se ha terminado la sopa.


Después de leer este texto, cuál es tu opinión? ¿Son útiles los modales en la mesa? ¿Cuál te parece el más pasado de moda?


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